Gazas
La gaza simple es uno de los lazos fijos más elementales y antiguos del trabajo con cuerdas. En español también se le conoce como gaza por seno, lazo simple o nudo simple por seno. Su nombre describe exactamente su naturaleza: se trata de un nudo simple ejecutado sobre el seno de la cuerda, es decir, sin utilizar los extremos, para formar un lazo fijo de manera rápida y directa.
La gaza simple se forma doblando la cuerda para crear un seno y realizando con ese seno un nudo simple tradicional. Al tensarse, el nudo fija el lazo y concentra la carga en un único punto de estrangulamiento.
Este diseño genera una curvatura muy cerrada de las fibras, lo que provoca una pérdida significativa de resistencia del cabo, normalmente mayor que la de otros lazos más elaborados como la gaza de ocho o el as de guía. La fricción interna es elevada y la presión se concentra en un área pequeña, lo que explica por qué el nudo se aprieta con extrema fuerza cuando se somete a carga y por qué resulta muy difícil de desatar después, especialmente si ha estado húmedo o cargado durante tiempo prolongado.
La gaza simple es aceptable para usos ligeros y no críticos, como fijar una cuerda a un gancho, un poste, otra cuerda o para crear rápidamente un lazo provisional. También puede emplearse para acortar una cuerda de manera rápida, de forma similar a una margarita sencilla, o para aislar una sección dañada del cabo, haciendo que la carga recaiga sobre el nudo y no directamente sobre la parte deteriorada.
En estos casos, debe asumirse siempre que la resistencia resultante es inferior a la de la cuerda intacta, ya que el nudo introduce una reducción estructural importante.
Por esta razón, diversas asociaciones Scout y manuales técnicos desaconsejan su uso como sustituto del as de guía, ya que en situaciones de carga dinámica o caída el nudo se aprieta de forma extrema, a diferencia del as de guía que conserva su capacidad de desatado. En actividades de riesgo como escalada, alpinismo o rápel, la gaza simple no debe utilizarse, pues existen numerosos antecedentes de accidentes asociados a su empleo inapropiado.
Cuando se necesita formar un lazo en medio de la cuerda, la gaza simple tampoco es una buena elección, ya que su comportamiento bajo carga es pobre y su ajuste es difícil de controlar. En estos casos, nudos como la mariposa alpina o la gaza de ocho ofrecen una distribución de fuerzas más equilibrada, mayor resistencia y una notable facilidad de desatado incluso después de cargas elevadas.
En especial, la gaza de ocho se considera superior por combinar rapidez de ejecución, claridad visual y un comportamiento mecánico mucho más seguro. 
La vuelta de pescador es un nudo de lazo fijo tradicionalmente asociado al trabajo con sedales y cuerdas finas, también se le conoce como vuelta perfecta.
Clifford W. Ashley lo documenta en The Ashley Book of Knots como uno de los métodos clásicos para formar un ojo permanente en líneas delgadas, especialmente aquellas utilizadas en la pesca, donde la simplicidad y la capacidad de mantenerse firme bajo carga son esenciales.
Desde el punto de vista de su construcción, la vuelta de pescador se forma creando un pequeño bucle y realizando con el chicote varias vueltas alrededor del firme, regresando finalmente por el interior del lazo inicial antes de ajustar. El resultado es un lazo fijo que no corre ni se desliza una vez apretado.
El nudo funciona por acumulación de fricción y estrangulamiento progresivo del firme, de modo que cuanto mayor es la carga aplicada al lazo, mayor es la presión interna de las vueltas sobre la cuerda. Esta característica le confiere una buena estabilidad y una resistencia aceptable en cuerdas finas o de superficie lisa, pero al mismo tiempo explica por qué tiende a apretarse de forma severa y a atascarse después de haber soportado carga.
La vuelta de pescador es un nudo seguro dentro de su ámbito, ya que no se desliza y mantiene la forma del lazo incluso bajo tensión constante. Sin embargo, su principal desventaja es precisamente esa tendencia a cerrarse con fuerza, lo que hace que no sea adecuado cuando se requiere desatar el nudo con rapidez.
Por esta razón, a pesar de su nombre y su origen, no ha sido un nudo ampliamente utilizado en el medio marítimo, donde la necesidad de soltar amarres con rapidez es un factor crítico. En cambio, ha sido muy apreciado por pescadores y campistas para colgar objetos, asegurar cuerdas a estacas o palos y crear lazos permanentes en situaciones donde no se prevé la necesidad de deshacer el nudo.
Históricamente, este nudo se empleó para formar ojos en sedales de fibras naturales. Con la llegada de los hilos sintéticos modernos, mucho más lisos y con menor coeficiente de fricción, la vuelta de pescador perdió eficacia en la pesca tradicional, ya que el material puede no ofrecer suficiente agarre interno. Sin embargo, el nudo ha encontrado una aplicación renovada en materiales modernos como el cordón elástico o bungee. En este tipo de cuerda, otros lazos clásicos como el as de guía tienden a aflojarse o deformarse cuando la tensión varía, mientras que la vuelta de pescador permanece estable, aprovechando precisamente su capacidad de autoestrangulamiento bajo carga.
Por ello, debe entenderse como un nudo destinado a lazos permanentes o semipermanentes, donde la prioridad sea la estabilidad y no la facilidad de desatado.

La gaza de figura de ocho es uno de los nudos de lazo fijo más importantes dentro de las actividades verticales y de seguridad. En español también se le conoce como ocho por seno, mientras que en la literatura técnica aparece como lazo de Flemish, nudo de Flemish u ocho de Flemish.
Su característica principal es que permite generar una gaza fija en prácticamente cualquier punto de la cuerda, sin necesidad de acceder a los extremos, lo que lo convierte en una herramienta fundamental en escalada, espeleología, rescate y trabajos en altura.
Resulta llamativo que, hasta la década de 1980, este nudo era casi desconocido en el ámbito alpino. Los montañistas recurrían principalmente a nudos como el pescador, uniones simples encimadas o al uso de eslingas cerradas mediante un nudo. El factor que impulsó la adopción masiva de la gaza de ocho fue su elevada resistencia.
Diversos ensayos muestran que una cuerda anudada con este nudo conserva aproximadamente entre el 63 % y el 75 % de su resistencia original a la rotura, considerando que una cuerda sin nudos representa el 100 % de referencia. Esta cifra lo coloca por encima de la mayoría de los nudos de lazo, especialmente en aplicaciones donde la carga puede ser alta, dinámica o repetitiva.
La gaza de ocho distribuye la carga de forma progresiva a lo largo de curvas amplias, reduciendo puntos de estrangulamiento brusco. La fricción interna y la geometría del nudo hacen que se compacte bajo carga, pero sin colapsar de manera crítica. Por ello, aun después de esfuerzos importantes, el nudo suele poder desatarse, aunque no sin esfuerzo. Esta combinación de alta resistencia, estabilidad y posibilidad razonable de liberación es lo que lo ha convertido en un nudo ideal para líneas de vida y aseguramientos personales.
Sin embargo, el as de guía sigue siendo preferido para la mayoría de las aplicaciones en el mar debido a que se puede ejecutar con mayor rapidez y, sobre todo, porque es fácil de desatar incluso después de haber soportado grandes tensiones y estando mojado. La gaza de ocho, en cambio, tiende a cerrarse con más fuerza cuando está húmeda y cargada, lo que limita su utilidad en ese contexto.
Siempre que la seguridad de una persona esté en juego, independientemente del nudo empleado, es fundamental un correcto asentamiento. En el caso de la gaza de ocho, se recomienda apretar el nudo tirando de manera individual de cada uno de los cuatro ramales que lo componen, asegurando que todas las vueltas queden bien ordenadas. Debe dejarse un sobrante mínimo de unos 10 cm de cuerda libre, ya que el nudo se compacta progresivamente conforme recibe carga. Este margen permite que el nudo “acomode” su estructura sin riesgo de correrse. Como medida adicional, puede rematarse el extremo libre con un nudo de seguridad, como un corredizo simple o el nudo Wagner.
Existen variantes de este nudo que permiten obtener dos o tres lazos simultáneos, conocidas como gaza de ocho doble y gaza de ocho triple. Es importante aclarar que el término “doble” o “triple” no se refiere a repetir el nudo dos o tres veces, sino a un solo nudo estructural que genera múltiples gazas a partir de una misma construcción.
La gaza de ocho puede realizarse principalmente de dos formas.
El método por seno consiste en tomar un tramo de la cuerda formando un seno —es decir, una curva sin cruzar los ramales— y ejecutar sobre él el recorrido clásico del nudo de ocho. Este método es rápido y muy utilizado cuando se trabaja con ganchos, mosquetones o postes de diámetro reducido. El segundo es el método cosido o reenhebrado. En este caso, se realiza primero un nudo de ocho cerca del cabo, dejando suficiente firme para rodear una estructura ancha como un árbol o un poste. Posteriormente, se pasa la cuerda alrededor del objeto y se “cose” el nudo, replicando el recorrido del ocho en sentido inverso. Este método es especialmente útil cuando no es posible pasar la gaza completa por detrás del punto de anclaje. 
La gaza de nueve, está diseñada para formar un lazo fijo, cumpliendo la misma función general que la gaza de ocho, pero con una construcción ligeramente más compleja.
El nudo de nueve no debe confundirse con la gaza de nueve, ya que aunque comparten una estructura base similar, su función es distinta. El nudo de nueve, propiamente dicho, tiene como finalidad actuar como un nudo de tope, es decir, impedir que la cuerda se deslice a través de un orificio o dispositivo.
En el ámbito de la escalada y las actividades verticales, la gaza de nueve se utiliza ocasionalmente para formar lazos destinados a anclajes. Desde el punto de vista mecánico, presenta una resistencia a la tensión ligeramente superior a la gaza de ocho, estimada en torno a un 10–15 % más, dependiendo del tipo de cuerda y de cómo se asiente el nudo. Esta ganancia se debe a su envoltura adicional, que incrementa la fricción interna y distribuye la carga de forma más gradual a lo largo de la cuerda.
Esa misma envoltura múltiple hace que el nudo tienda a moverse menos cuando se emplea con materiales lisos o cuerdas particularmente resbaladizas. Además, suele resultar un poco más fácil de aflojar después de haber estado sometido a carga, ya que la geometría del nudo no se compacta de manera tan agresiva como en algunos casos de la gaza de ocho. Sin embargo, estas ventajas son relativamente pequeñas en la práctica, por lo que la gaza de ocho sigue siendo el estándar más difundido y enseñado, tanto por tradición como por simplicidad y claridad visual.
Uno de los principales inconvenientes del nudo de nueve es su volumen. En cuerdas gruesas, el nudo se vuelve considerablemente grande y aparatoso, lo que puede resultar incómodo para el manejo, el paso por mosquetones o la correcta colocación en anclajes. Por esta razón, su uso se recomienda principalmente en cuerdas delgadas, donde su tamaño sigue siendo manejable y sus ventajas pueden aprovecharse mejor.
Al igual que la gaza de ocho, la gaza de nueve puede realizarse mediante el método cosido o reenhebrado. Este procedimiento permite formar un anclaje seguro alrededor de estructuras anchas, como troncos o postes, cuando no es posible pasar la gaza completa por detrás del punto de fijación. En este caso, el recorrido del nudo se replica cuidadosamente en sentido inverso, asegurando que todas las vueltas queden paralelas y bien asentadas para garantizar su correcto funcionamiento. 
La corona de tres partes, conocida también como corona triple o triple corona, es un nudo de doble lazo extendido que genera dos gazas fijas dispuestas en forma escalonada.
En la bibliografía clásica aparece descrito de manera muy cercana al nudo presentado por Clifford W. Ashley en The Ashley Book of Knots bajo el número ABOK #1100, con la diferencia principal de que, en esta variante, los lazos no quedan uno sobre otro, sino que cuelgan de manera consecutiva, lo que facilita su uso independiente y mejora la organización de la carga.
Este nudo es considerado seguro y robusto, y ha sido utilizado tradicionalmente por campistas para colgar alimentos, mochilas u objetos diversos, especialmente en campamentos donde es necesario mantener el equipo elevado y separado. Gracias a la limpieza de su forma y a la simetría de sus lazos, también puede emplearse como nudo decorativo, sin perder su funcionalidad estructural.
Una de sus principales ventajas es que puede realizarse en el seno de la cuerda, es decir, en cualquier punto intermedio sin necesidad de acceder a los extremos. Esta característica lo diferencia de nudos de gaza clásicos como el as de guía, que requieren trabajar con el cabo libre. Esto permite generar puntos de anclaje dobles en cuerdas ya instaladas, lo cual resulta muy útil en montajes de campamento y estructuras ligeras.
La corona de tres partes trabaja mediante un sistema de vueltas que crean fricción interna y bloquean el desplazamiento de los lazos. La tensión aplicada se reparte entre las distintas curvas del nudo, evitando que los lazos crezcan o se encojan de forma accidental. Esta estabilidad es una de sus mayores virtudes, ya que reduce el riesgo de desajustes bajo carga variable.
Sin embargo, esta misma compacidad y complejidad estructural hace que no sea un nudo de uso cotidiano. Su ejecución no es intuitiva y requiere práctica para memorizar la secuencia correcta de pasos. Además, una vez que ha sido sometido a tensión prolongada, resulta difícil de deshacer, ya que la fricción interna aumenta considerablemente al compactarse el nudo.
Por estas razones, la corona de tres partes se recomienda para usos donde se prioriza la seguridad, la estabilidad de los lazos y la posibilidad de trabajar en el seno de la cuerda, aceptando como contrapartida una menor facilidad para desatarlo. 
Comentarios hacia esta página:
|
Añadir comentario acerca de esta página:


































































































